domingo, 11 de diciembre de 2016

Solo Muerte


SOLO MUERTE


Me darás el último beso para llevarme a los confines de la vida,
gran manto negro cubriendo un largo cuerpo delgado y esquelético.
Me atravesarás con tu mirada penetrante, fría y profunda,
que absorbe el alma de quien la mira.

Tus largos brazos llevan consigo miles de almas en vela.
Caminas libremente con paso firme, abismal,
por nuestra existencia, dejando un aroma a tierra mojada.
Espero ese momento en el que despediré labios, mirada, lágrimas…
Del mundo vivo.

Ojos de cristal, miradme.
Ya es hora de marcharme.

Siempre supe que nos encontraríamos, amiga.

Arrópame con tu suave túnica azabache.
Llévame donde allí van las ánimas perdidas.


Solo Muerte
Solo Muerte
Relato e imagen creados por: María Revuelta

lunes, 8 de agosto de 2016

Un futuro diferente

UN FUTURO DIFERENTE

Desde su cómodo escritorio, sobre el que había amontonados cientos de documentos de estudios e investigaciones y diferentes maquetas anatómicas, el más reputado arqueólogo de la comunidad miraba fijamente la puerta de su despacho. Había sentido como alguien se aproximaba con prisa gracias a las vibraciones producidas por sus pesados pero ágiles pasos. Ya sabía quién era, su ritmo propio le delataba. La puerta se abrió, era su ayudante de laboratorio, cuya cabeza ya asomaba a través del marco.

—Profesor, tenemos un nuevo espécimen. Es el más grande que hemos conseguido hasta la fecha, el más antiguo de todos y el más completo, creemos que puede ser un adulto —Parecía nervioso, las altas expectativas ante el nuevo caso que se presentaba se transmitía a través de los rápidos movimientos de sus ojos, los cuales brillaban y reflejaban la luz blanca procedente del alógeno del techo.

—Excelente, —contestó a su irrumpiente visitante mostrando una tranquilidad absoluta— avisa al resto del equipo, quiero todo preparado para dentro de dos horas —a continuación el ayudante desapareció en un abrir y cerrar de ojos dando un ligero portazo y disminuyendo el sonido de sus pesadas zancadas a medida que se alejaba.

El profesor se levantó de su asiento y caminó lentamente hacia la ventana más próxima, la cual daba al patio exterior, donde varios grupos de estudiantes paseaban y almorzaban por el borde del claro en el que se situaba el gran centro de investigación estatal. La espesura del bosque tropical que lo rodeaba no le dejaba ver más allá.

Exhaló profundamente, empañando al instante el cristal.

—Espero que avancemos algo esta vez. No sabéis la suerte que habéis tenido—dijo esta vez dirigiéndose a los lejanos estudiantes que evidentemente no oían el mensaje— esto marcará un antes y un después en nuestra historia.

A continuación, cogió su maletín de herramientas y salió de su despacho.

En dos horas ya viajaba con todo el equipo de estudio hacia donde había sido descubierto el sujeto en cuestión. No era la primera vez que efectuaba estas salidas, últimamente se había convertido en casi una rutina, quería ser el responsable de todos y cada uno de los descubrimientos. Desde que había aparecido el primero, todos los cimientos sobre los que se asentaban cada uno de los estudios realizados por los más importantes y eminentes científicos sobre el origen de la especie a lo largo de la historia, se tambaleaban, pareciendo propiciar un derrumbamiento colosal.

—¿Qué te parece saber, que antes de nosotros hubo otra especie dominando nuestro planeta? —preguntó uno de sus compañeros de equipo mientras avanzaban en el autobús rumbo al yacimiento.

—Pues no me parece ni bien ni mal. Pero sé que a más de uno de los que van a estar presentes en la futura convención le molestará no haber sido desde el inicio de todo el centro del “universo”. Somos una especia muy orgullosa —contestó mientras observaba a través de la ventana las diferentes granjas de animales que había por aquella zona. —Y tú, ¿quieres apartar tu asquerosa extremidad de mi pierna? Me estás incomodando agitándola tanto—recriminó elevando la voz al compañero del lado opuesto.

—Y también parece que una especie agresiva —pensó éste al recibir tal grito.

  De repente un hormigueo en el estómago reflejó una ligera sensación de hambre en el reputado arqueólogo, lo cual lo puso un poco nervioso.

Al aparecer el segundo sol, habiéndose escondido ya el primero, habían dejado al aire libre los restos fosilizados del tan emocionante espécimen.

—Bueno, pues aquí lo tenéis. Como ya habían confirmado anteriormente, se trata de un adulto. Si os fijáis bien, os daréis cuenta de que es un macho, la disposición de la pelvis lo delatan. —Mientras iba explicando al resto del equipo y a algunos alumnos que también habían ido como parte de las clases, apartaba los restos de arena y polvo, examinando con detenimiento cada una de las partes. —Mide exactamente un metro y setenta y ocho centímetros —confirmó tras estirar cuidadosamente la cinta métrica que siempre llevaba consigo al lado del esqueleto fosilizado.

—Lástima que le falte una de las extremidades inferiores —dijo una voz de las tantas que observaban.

—Da igual, da igual, lo importante es que tenemos el cráneo completo. Y con su dentadura al parecer —decía mientras se acercaba lentamente hacia esa parte del fósil. Parece increíble que se haya conservado tan bien durante, ¿Cuánto tiempo? —se giró para preguntar con total calma a aquel al que había gritado antes.

Un futuro diferente Relatos REM


—Ciento cuarenta millones de años.

—Magnifico.

—Parece que aquél meteorito que se estrelló poco después nos ha dejado varias sorpresas enterradas.

—Ni que lo digas, hay que seguir buscando. Parece que el mayor conocimiento está bajo tierra y no sobre nuestras cabezas. En el pasado y no el futuro.


De regreso al centro de investigación sacó de su cartera un dibujo que había realizado de joven, siempre fue un gran dibujante, representaba como habían sido sus antepasados hacía miles de años. Lo observaba cada vez que podía, recordando la pasión que sentía por su trabajo. Siempre le gustó descubrir el pasado y desenterrar los secretos del mundo. Y hoy lo había vuelto a hacer.

Un futuro diferente Relatos REM


jueves, 21 de julio de 2016

La misión

La Misión



—Bien chicos y chicas, este es el plan. Tenemos a un enemigo veloz, quizá el más rápido al que nos hemos enfrentado nunca. Pero eso no quiere decir que no podamos tener ninguna oportunidad. Como mi madre siempre dice, antes de actuar hay que pensar con la cabeza. Y más de uno de los que estáis aquí sabéis que tiene razón.

Fernando apartó por un segundo la mirada, en el fondo sabía que lo decía por él. En la última misión intervino sin consultarlo a los demás y lo capturaron sin darle oportunidad de escapar. Todo podía haber terminado de forma trágica, pero gracias al sacrificio y el trabajo en equipo de los demás compañeros, pudieron salvarlo y completar el cometido para lo que fueron elegidos. Ahora era una gran ocasión de enmendar el error del pasado y demostrar que podía ser un eslabón más de la fuerte cadena que en conjunto formaban.

Eva continuaba con el discurso:

—En primer lugar, ellos solo son dos. Nosotros diez. Si fuera a campo abierto os diría que sería imposible. Pero mirad a vuestro alrededor, el terreno está de nuestro lado. Hay zonas altas que podemos utilizar, callejones donde podemos emboscar, la vegetación también nos puede ayudar y la infiltración entre la población será indispensable y necesaria para el éxito.

Todos echaron un vistazo a la zona donde se encontraban, en ese momento sus sensaciones cambiaron. El intercambio de miradas entre los integrantes del equipo demostraba cierta confianza en superar el reto que ante sí tenían. Sí, se podía conseguir.

—Bueno pues, ¿Cómo lo hacemos? El tiempo se nos echa encima, pronto sonará la señal de alarma y la cuenta atrás ha empezado —Avisó Estefanía observando el gran reloj del edificio central. Siempre tan impaciente, siempre tan nerviosa, añadía  la tensión necesaria a los demás para que se mantuvieran concentrados.

Eva sonrió, la disposición de todos los que la rodeaban confirmaba que era una buena líder.

—Acercaos y escuchad. Raúl, Patricia, vosotros dos os quedareis por los alrededores del objetivo. Debéis hacerles creer que son muy buenos, os dejaréis apresar. Se confiarán, pensarán que no tenemos nada que hacer contra ellos. Hasta es posible que se rían de vosotros, pero sabed que vuestro papel es muy importante. Vosotros marcaréis el devenir de la misión —Raúl y Patricia asintieron sin más. No era momento de discutirlo, el tiempo corría en contra.

—Yo, Estefanía, Pedro y Alfonso iremos siempre juntos, en grupo. Intentaremos mezclarnos entre la gente para confundirlos. Pero nuestro lugar principal estará junto a aquel árbol, entre los arbustos. Una vez que hayan cogido a Raúl y a Patricia haremos que vayan detrás de nosotros. Les cansaremos, y cuando sea preciso nos sacrificaremos.

—Entendido, —dijo Estefanía— ¿algo más?

—No nada más. —Eva continuó— Carlos y Lorena, vosotros seréis el señuelo. Sois dos, pero les haréis creer que el resto está también con vosotros. No peleareis por salvaros, vuestra función será distraerles  haciéndoles buscar al resto de nosotros por la zona. Desde la otra punta avanzaréis vosotros —dijo señalando a Sandra y a Fernando. —El éxito de la misión recaerá en vosotros. Sois los más veloces y eso aquí, es una gran responsabilidad.

—No fallaremos —aseguró Sandra.

Al cabo de quince minutos, todo había ocurrido tal como Eva había planeado. Todos se encontraban retenidos. Y Sandra y Fernando eran su única esperanza.

—Bien, no ha sido difícil. Estarán escondidos y asustados, vamos a por ellos —Dijo uno de los captores.

Desde la otra punta Sandra vio una oportunidad y se abalanzó rápidamente realizando un gran sprint hacia el objetivo, mientras el enemigo iba en la dirección contraria buscando al resto por la zona a la que habían sido atraídos.

Pero un golpe de mala suerte hizo que Sandra no cumpliera con su cometido. Uno de ellos se dio la vuelta y la vio venir a toda velocidad. No pudo hacer nada, al minuto hacía compañía al resto del equipo.

—No pasa nada, lo has intentado, casi lo consigues —consoló Eva apoyando su mano en el hombro de una fatigada amiga.

Fernando observó todo desde la lejanía. Se sentía como el último soldado superviviente de una gran guerra en medio de un desierto. Recordaba su anterior error, no podía fallar otra vez, si no, ¿en qué lugar quedaría en el grupo? Miró al reloj, quedaba poco tiempo, tenía que actuar sí o sí, no podía permanecer allí para siempre.

La misión



Estaba a punto de empezar a correr cuando se dio cuenta de que sus contrincantes estaban hablando con un superior de la organización a la que pertenecían. Éste era más alto, más fuerte y con una vestimenta que mostraba la seriedad de su trabajo. Era el momento perfecto, la mejor distracción.

Corrió como nunca había corrido, todos los que estaban allí se paralizaron al observar al velocista que avanzaba esquivando y saltando cualquier obstáculo que se interpusiera entre él y su objetivo. Ninguno de sus dos enemigos se percató de su llegada.

En el instante en el que llegó a su objetivo la alarma de aviso sonó con un ruido sordo, el tiempo había llegado a su fin. Pero un segundo antes, Fernando pudo decir con total satisfacción:

—¡Por mí y por todos mis compañeros!

Un grito de júbilo llegó con abrazos y palmadas de cada uno de los miembros de su equipo celebrando la victoria.

—Venga chicos a clase, que ya se ha acabado el recreo —Les avisó aquel que hacía unos segundos les había ayudado inesperadamente.